¿Cómo empezar? ¿Qué parte de la historia debe ir primero? ¿Cómo pueden revivirse o describir ocho años de una vida? ¿Cómo describir una vida llena de vacíos, ausencias, espera, caprichos, errores, locura....de amores no correspondidos? Corría los primero días de 1997, era enero, era muy probable que hiciese calor pero ya no lo recuerdo, sólo que estaba en la playa, en aquel fin de semana, en aquella casa a medio construir, sin historia aún, tanto ella como yo, por construirse; irónicamente la estamos vendiendo. Fue extraño, talvez magia, lo conocía desde hacía tres años, pero no lo había vuelto a ver ya hacía dos, el sentimiento había permanecido latente durante ese lapso de tiempo.Lo conocí, un día de Septiembre, tal vez un 22, del año 94, en su lugar de trabajo, lejos de aquí, en las pampas de Argentina. Transcurridos diez minutos de conocidos ya me gustaba y luego de una tarde, llena de risas, coqueteo, mensajes y fotos, cupido had done his work. De regreso en chilito, me di cuenta que era algo distinto. Ese verano él vino con el primo (mi primo), por una semana, o dos, no lo recuerdo. Sólo caricias, miradas, un “ te quiero” y un “yo también”, y escrito en un papel “un hasta pronto”, fue todo lo que intercambiamos esa vez, yo tenía pololo, Freddy. Al verano siguiente, no volvió, y yo....no esperé, fue el verano con los tíos, la avellana chupa’a de la Kary y su llanto, cuando la saludé en el podio del Encuentro Costumbrista de Corral (te acordarás de eso, mi niña????), Mauri (collito), el casi niña, casi mujer; del matrimonio de Maribel, Marzo del ’96. Murió ese año, el año en que llegó el Jimmito, y murieron también las promesas y el amor infantil que sentí por Mauricio; las locuras de tercero medio, talvez; pero la nostalgia y la añoranza por él no morían, y así me encontraba aquella noche, pensándolo.¿Cómo reaccioné cuando supe que estaba aquí, alojando con el primo en la casa de Sandra? no sé, no me acuerdo, posiblemente aparecieron mariposas en la guata. ¿Dormí esa noche?...no sé, no lo recuerdo. Un par de días después estaban en la casa almorzando, ¿qué pensaba?, ¿qué sentía? el transcurso del tiempo, no sólo opaca los colores de las fotos, también el brillo de la mente y los detalles de los recuerdos, esa misma noche tomaron un bus pa’ l Tabo, a la casa en construcción. El plan era encontrarnos todos el lunes siguiente: ellos, mi flia y yo, pero, algo extraño ocurrió, mi madre (que nunca fue mi amiga, ni menos mi cómplice, siempre fue mi madre) me mandó pa’llá dos días antes de lo previsto. Tampoco recuerdo como fue esa invitación, sólo sé que ocurrió. Fueron dos pasajes uno pa’ la Lile y otro pa’ mi. Sí, ese viaje fue largo, eterno, no sólo en el tiempo físico sino que también el personal. El viaje solía durar dos horas a lo mucho, esa vez duró casi 5, pa’ mi fueron días. ¿Una canción?...ja!!! Get down, de the Backstreet Boys, la escuché mientras estábamos en el taco del camino que empalma, entre Cartagena y San Sebastián, al camino costero de aquellos años, el camino de la Disco “Don Gato” o de la cuesta de Cartagena. Allí estaban, en la mansarda, durmiendo, cuando llegamos. Sin almuerzo, sin once, sin nada en las entrañas, más q el nerviosismo de tenerlo al frente, salimos esa noche, me bastó un sorbito, casi el olor, de una piscola (combina’o) pa’ prenderme, y ganar el coraje para enfrentarlo, no recuerdo el detalle del primer beso, eso.....eso se lo llevó el alcohol. Los dos días siguientes fueron casi una vida: promesas, besos, lágrimas, sonidos, abrazos, latidos, suspiros, recorridos, estrellas, hamburguesas en parrilla improvisada, arroz blanco y sardina; si, fueron casi una vida, para alguien que estaba recién saliendo del nido. Fueron días y el amor duró más de un año, al menos eso creía. Fue un amor de cartas, alguno que otro telefonazo, mensajes con amigos, primos o tíos, pero fue amor, al fin y al cabo, con más esperanzas q pasión. Escribí versos, hojas de cartas enviadas, y otro tanto sin enviar y guardadas. Mis amigas soportaron un año, hablándoles de él, recordándolo, soñándolo, añorándolo. Estaba en cuarto medio, y la vida se me presentaba en su plenitud, sólo vivía pa’ volverlo a ver. El amor de niña, inocente y profundo, ¿fue, acaso, amor? Creo q si lo fue, y durante mucho tiempo, fue el sentimiento más profundo que pude haber sentido por alguien, me faltaba vivir. Al menos fue lo más cercano a una proyección de dos. Llamó varias veces, prometió, prometió....y fueron las circunstancias de su vida las que impedían volvernos a ver; siempre le creí, no veía por q no hacerlo, “pa’ que mentiría” me decía a mi misma, y aún lo sigo pensando. Prometía volver, estar juntos de nuevo, no me prometió ni tierra ni los cielos, y no deseaba nada más, q sólo estar con él, entonces. Así se fue el año y llegó de nuevo el verano, me había graduado, había decidido no estudiar ese año, (la veta floja siempre estuvo), una que otra intriga, pero no lo suficiente pa’ crear conflictos, tenía plena conciencia que una relación sólo concierne a dos, el resto es sólo ornamento; hasta que un día me ví esperando, y luego al otro, y otro y ...otro; y la pregunta fue: ¿lo amas a él o a su recuerdo? La respuesta fue obvia, y casi inmediata, eso lo recuerdo, tome un lápiz y una hoja y escribí, era algo así como una despedida. Hice la procesión correspondiente, pero nunca viví el duelo, no me percaté de eso si hasta hace 11 meses atrás, en una fiesta, frente a uno de sus amigos. Había decidido hacer mi vida, pero nunca la hice. Aparecieron muchos hombres, unos más lindos q otros, de hecho estuve prendada de un niño, en ese entonces de 16 años (yo tenía 18) que vivía cerca de mi casa, Hector, era su hombre, el “chiquitito” lo llamábamos la Lili, Guislaine y yo,....puta que me gustaba ese ...ón, y con ganas, al menos por la forma de tratarme, sonreírme no le era indiferente, nunca me atreví, a nada, teniéndolo ahí. ¡Cómo dice el refrán!: ”El cojo siempre le echa a culpa al empredra’o” y yo le echaba la culpa a mi ex pololo, Claudio, que, después de terminar con él el 94, me seguía buscando cada año, y ese año no fue la excepción, pero fue la ultima; Hector, intercedió por él esa vez. Por otro lado, mi amigo con ventaja, comenzó a pololear con mi mejor amiga....ese kiosco se cerró, y para siempre. Pasó el verano post PreU y Pre – U, donde descargué o quice descargar mi desconsuelo, mi abandono, mi soledad, aquel verano de experimentación no bien recordada, de “flashes” de tardes y noches revueltas… y del sin sabor y desorientación al final del mismo. Entré a la U, hubieron su par de hombres guapos, pero no fueron más que hombre guapos que pasaron y se esfumaron. En segundo año, mezclé las cosas y uno de mis mejores amigos, comenzó a sentirme y a mirarme distinto, y aunque me di cuenta de eso, no hice nada para evitarlo, o no sé si quice evitarlo, el prisma del tiempo me muestra q no quice hacerlo…y ahora? Se invierte la torta. Me pidió amor, y no puede dárselo, esa vez apareció la punta del iceberg de las verdaderas razones de mi soledad, creo haberle dicho “que no podía emprender ninguna relación, por que había tenido algo importante con alguien, y auque se acabó, aún quedaban cosas pendientes” y nunca más nos volvimos a hablar, luego de mi arranque de honestidad, diciendole “que no quería estar con él, que él no me gustaba”, cuando en verdad si pasaban cosas cuando estaba con él… yo y mi ego, aún pienso, si le hubiera dado oportunidad a mi corazón, estaría con un él y no habría acabado tan sola. Salí de bachi, entré a Ingeniería, conocí mucha gente linda, su par de hombres bellos (literalmente), y durante 6 años sólo me he dedicado a mirar, a contemplar y saborearme a escondidas, nunca me volví a enamorar, de la manera en que me enamoré él, me prendé de un par de personas, pero los sentimientos no fueron suficientes para cuestionarme, o clasificar los niveles de “esos amores”. Si es que se puede hacer una escala de amor. Y así pasó el tiempo y los días se transformaron en semanas y las semanas en meses, y estos en años, ...son tantos los q sueña reviviendo el pasado, despreciando el presente ,pasan días, meses, años... ....¿cómo dos días pudieron marcar ocho años de existencia? Una noche especial, de ésas, quedé libre, en una noche de cervecita y regueton, hablé con su amigo y ahí caí en la conclusión que seguía esperándolo, y esperaba que él estuviera viviendo lo mismo que yo, pero no era sí, él había reiniciando su vida, tenía novia, fue extraña esa sensación, no la podría explicar, no con estas palabras.... quedé desnuda, hablando alegóricamente, había terminado el duelo. Es muy probable que su amigo no se dio cuenta el cambio que produjo en mí, es muy probable que ni siquiera se acuerde de que hablamos, pero me mostró el presente, el verdadero, sin confirmarme nada y sin negarla, también. No había más que hacer, mi soledad siempre se dibio a él y era un hecho concreto. Esa mis noche bajé el telón de esa historia, y comencé a vivir, y a las 6 semanas después ya soñaba por alguien más, por mi flaco lindo. Ahora me queda esperar por lo que viene, por que se viene, mi flaco lindo, talves otro…. talves miles… talvez él. ¿Cuánto tiempo tendré que seguir esperando para que aparezca o para que vuelva? La espera es cruel y lenta, sólo me queda sentir lo que siento por mi flaco lindo. Amar, esa es la consigna, sólo quiero sentirme amada.
Por cierto, él se llamaba Martín.
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